DOCUMENTOS SOBRE EVA DUARTE DE PERON 


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María Eva Duarte de Perón / Evita. Argentina 1919-1952

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HISTORIAS, ANECDOTAS y TESTIMONIOS 

Evita en el Hogar de Tránsito Nº 2, hoy Museo Evita, Lafinur 2988, Buenos Aires

De Lillian Lagomarsino de Guardo, amiga personal de Evita, acompañante de Eva Perón en su viaje europeo de 1947, empresaria, autora del libro Y ahora ... hablo yo, de Editorial Sudamericana: 

Anécdotas ...

Durante la gira europea por España, en la antigua Plaza Mayor de la Villa de Madrid, repleta de gente, hubo un agasajo grandilocuente: fue el homenaje que le brindaron las cincuenta provincias españolas. Todos los balcones de la Plaza Mayor, atestados de personas, lucían colgaduras en honor de la ilustre visitante. Diferentes grupos bailaron las danzas típicas de cada provincia sobre un escenario. Luego aparecieron representantes de cada conjunto con canastas de mimbre en forma de mujer, dentro de las cuales se encontraban los trajes típicos originales de cada provincia, confeccionados especialmente a su medida con géneros auténticos guardados durante años, que le regalaron acompañados de alhajas, a tal punto que yo creí que se trataba de fantasías, y entonces el edecán me dijo: _ Señora de Guardo, ¡ tenga cuidado con las alhajas ! _ Sí, sí, las voy poniendo acá _ dije mientras las apoyaba en el suelo. _ Señora, ¡ son joyas verdaderas ! Entonces me ocupé de cuidarlas hasta que las vinieron a buscar. La fiesta con bailes típicos resultó imborrable. Hace poco tiempo supe que, afortunadamente, esos trajes maravillosos se conservan en un museo argentino y se exponen cada tanto. 

En la Ciudad Universitaria, fue agasajada por los estudiantes de Madrid, luego del recorrido y el saludo del Claustro, por esas Tunas simpatiquísimas, con sus capas negras y canciones divertidas. Todos estaban entusiasmados con ella. Antes de retirarse, les dijo: _ Tengo el própósito de contratar a un grupo de ustedes, les pagaremos a peso de oro, para llevarlos a Buenos Aires. ¿ A que no adivinan para qué ? _ preguntó con picardía. Ellos se miraron intrigados. - A ver ... respondan, ¿ para qué creen ustedes que los necesitan en Argentina ? _ insistió.      Los jóvenes casi ni respiraban. _ Para que les enseñen a los muchachos argentinos a piropear a las chicas. En esto son ustedes maestros consumados. 

Evita escuchó misa en El Pardo, desde el sitial del Generalísimo y luego, en ceremonia privada, el arzobispo de Madrid Leopoldo Eijo y Garay les impuso a la señora de Perón y a la señora de Franco el Escapulario de la Virgen del Carmen. Luego, desde una pequeña sala, leyó ante los micrófonos de Radio Nacional, en conexión con todas las emisoras de España y Argentina, su mensaje a las mujeres españolas, que fue impresionante. Al finalizar, el Jefe de Estado español nos invitó a los que la acompañábamos a pasar al teatro del palacio. Nadie se imaginaba para qué. El Generalísimo le mostró un tapiz inmenso y antiquísimo. El Artajerjes, que representa una escena de guerra entre los persas y los griegos. _ ¡ Es maravilloso, General ! _ exclamó la Señora. _ ¡ Es mi regalo, señora! ¡ Es suyo ! _ declaró ufano. La Señora estaba contentísima. Posteriormente lo mandó a colocar en el Palacio Unzué, en la entrada.

Cuenta el padre Benítez que, después de la revolución de 1955, España reclamó el tapiz, que volvió al Pardo, donde se encuentra en la actualidad. Tomamos el avión rumbo a Andalucía. Arribamos a Granada, después de un recorrido por las calles repletas de granadinos que la vitoreaban, nos detuvimos en el Santuario de la Virgen de las Angustias, y luego de visitarlo, nos dirigimos al Alhambra Palace, en donde nos alojamos.  Por la noche nos ofrecieron una cena de gala en el Ayuntamiento, y casi a medianoche, ya en la Alhambra, asistimos a una "zambra gitana" en los jardines del Generalife. Recorrimos el Alcázar árabe bajo una luna artificial y varias orquestas de violines, que no se veían, nos deleitaron con una música suave en el célebre Patio de los Leones. Algo encantador, jamás lo olvidaré. Partimos luego hacia Sevilla. Creo que vivimos uno de los momentos más lindos del viaje. Si el recibimiento en Madrid fue de gran magnitud, los sevillanos no se quedaron atrás. Llegamos al hotel Alfonso XIII y ocupamos los apartamentos reales; nos cambiamos con rapidez, porque nos iba a recibir el Jefe del Ayuntamiento, que era el conde de Villalonga. Mandaron a recogernos unas calesas, coches con cuatro troncos de caballos cada uno; es decir ocho caballos en cada calesa, todos engalanados, que caminan con un paso maravilloso, como si bailaran.

Desde el hotel hasta el Ayuntamiento hay una distancia de unas doce cuadras. A ambos lados de la calle había chicas vestidas de sevillanas, con los antiguos trajes típicos como en Madrid. En esa interminable fila de jóvenes, una tenía una canasta abierta con pétalos de rosa, la de al lado una canasta cerrada con palomas, y así sucesivamente cada dos metros. Avanzamos las doce cuadras con un "techo" de palomas y pétalos de rosa, que se arrojaban a nuestro paso. Muchísima gente ... y esa música tan contagiosa, los gritos, los piropos, los vivas ... no les puedo expresar lo que sentí. Algo que sólo ocurre en los cuentos.

Al llegar, nos invitaron a subir a un gran salón, colmado de gente a los costados y en las galerías del piso superior. En el fondo, nos ubicaron en una mesa por jerarquías. A los costados había dos arcones antiguos forrados con brocato rojo, vacíos. Entraba un paje con un almohadón en el que había un regalo, y se cruzaba al salir con otro que entraba con el siguiente. Los presentes eran marfiles, mantones, alhajas, vestidos, mantillas, antigüedades. Se llenaron los dos arcones, mientras el conde de Villalonga le iba describiendo a la Señora cada regalo. 

Por la noche asistimos a una cena de gala en el Palacio Mudéjar; la mesa, que llamó mucho mi atención, estaba adornada en el centro y a lo largo con claveles con los colores de las banderas de los dos países, mezclados entre unos pequeños chorritos de agua que formaban ondas. Terminada la cena hubo una gran fiesta andaluza en la Plaza América. 

Al visitar la Catedral gótica, la más grande de España, subió al camarín de la Macarena y le dejó, muy emocionada, un par de aros de oro y brillantes que llevaba puestos. Realizamos luego una excursión a la Rábida, depositando en Huelva una ofrenda ante la estatua de Cristóbal Colón.   Nos embarcamos rumbo a Santiago de Compostela, en el avión ocurrió algo increíble. Yo siempre iba sentada junto a la señora, pero ese día alguien se acercó a conversar y entonces le sugerí dejarle mi asiento para pasarme al de atrás, así podía escribirle a mi familia.

Pasados unos quince minutos, la Señora extendió su mano hacia atrás entre los asientos, y de un tirón me sacó la carta y empezó a leerla para sí. Todo el pasaje del avión, éramos como veinte personas, hizo un profundo silencio. Así era Eva Perón. Una vez que terminó la lectura me la devolvió, y todas las miradas estaban fijas en mí. Nadie lo podía creer. Yo continué escribiendo como si nada hubiera pasado. Desde entonces le mostraba cada carta que escribía. Desconfiaba hasta de su sombra. 

Llegamos al norte de España, y nos agasajaron igual que en el resto de la península, con salva de cañones, desfile de tropas, cenas, obras de teatro, hasta fuegos de artificio. En la Catedral de Santiago de Compostela le fue impuesta la Medalla de Hermana Mayor de la Archicofradía del Apóstol; la Señora dejó en nombre de su esposo una bandera argentina, como homenaje al libertador de España. En Vigo tuvimos una cena de gala en el Casino, ofrecida por el ayuntamiento.

Fuimos a La Coruña y luego a Zaragoza, ciudad enamorada de su Pilarica, como denominan cariñosamente a la Virgen del Pilar. Por una concesión especialísima y única, le permitieron besar la imagen de la Virgen, a la que dejó sus aros, sobre los hombros, antes de levantarse del reclinatorio. Tomamos nuevamente el avión, y al llegar a Barcelona nos reencontramos con la esposa del Generalísimo. Una vez más todo el pueblo se había volcado a las calles y engalanado la ciudad, el recibimiento fue increíble y multitudinario. El gobierno de Barcelona había dado asueto, y se realizó una fiesta popular de música, danza y pirotecnia en la Plaza de San Jaime. Nos alojábamos en el Palacio de Pedralbes. 

Visitamos la Catedral y varios barrios carenciados. En el programa oficial esa noche había una cena de gala y una obra teatral. Allí sí me angustié mucho. Llegamos tres horas tarde. La Señora le daba poca importancia al protocolo, pero para mí era como que lo hacía yo. Para peor, la cena era a la luz de las velas, en el histórico Salón del Ciento, del Ayuntamiento, y tuvieron que cambiarlas varias veces antes de que llegáramos. Posteriormente, en el anfiteatro de los jardines de Montjuich, los artistas españoles interpretaron, Sueño de una noche de verano, de Shakespeare, pero casi todo el público se durmió. Eran las tres de la madrugada. No podían haber elegido una obra más acorde con lo que ocurrió en la platea.

Al día siguiente, antes de salir para el aeropuerto, la Señora me preguntó: _ Lillian, ¿ lleva el rosario ?  Yo miré en mi cartera y no lo encontré.  _ Señora, evidentemente al cambiar de cartera me lo he olvidado.  _ ¡ Ah, no ! ¡ Asunta ! ¡ Juanita ! Desempaquen el auto y busquen el rosario de la señora Lillian, ¡ ella no puede estar sin el rosario ! Las chicas encargadas del vestuario tuvieron que sacar todo el baúl, y buscar entre mis cosas hasta que el rosario apareció. - Menos mal, Lillian, ¡ menos mal !  Rece, Lillian, rece. 

En el aeropuerto se encontraba el Generalísimo, que había llegado ese día a Barcelona para la despedida. Después de revistar a las tropas, de los discursos, los himnos y las salvas de los cañones, subimos al avión de Fama, que reemplazó al de Iberia, pero no podía despegar debido al exceso de peso. Los innumerables regalos de la Señora iban en unos arcones grises directamente a Buenos Aires, vía diplomática; el problema fueron las compras excesivas del resto de la comitiva. No sé como arreglaron, pero el avión partió rumbo a Roma.

En la Audiencia Papal la Señora estaba divina, con un vestido largo de crêpe georgette, que tenía una caída en la espalda, a la altura de la cintura, en plissé soleil doble. Ese plissé se convertía en manto. Era un vestido impecable. Debo decirles que jamás se pintaba, se lavaba la cara con agua y jabón, y se ponía un poco de rouge en los labios.  Pío XII le regaló un rosario de oro. El Papa le dijo unas palabras en español, la audiencia duró unos veinte minutos. Su Santidad concedía entrevistas de diez minutos, el tiempo dedicado a la señora Eva Perón era el que solía dedicarle a las reinas. Después de la visita oficial al Papa, el reverendo padre Perantoni, General de la Orden de San Francisco, le otorgó el título de Hermana Terciaria Franciscana , en la Casa Central de los Franciscanos. Es por ello que al morir, según cuenta el padre Benítez, al cadáver de la señora Eva Perón le colocaron la túnica franciscana con los símbolos correspondientes, confeccionada a su medida. 

Estando en una villa en el Ligure, un día apareció una mujer que vendía manteles rafaelanos y de encaje.  _ Señora, ¿ a usted no le importa si compro un mantel ?  Mis hijas ya van a empezar la edad de las fiestas, y me gustaría llevar uno para mi mesa.   _ Muy bien, Lillian, pero ¿ hay otro más ?  _ Sí, hay dos.  _ Bueno, elíjame el mejor para mí y después otro para usted.  _ Mire, Señora, éste es el mejor, porque tiene esta aplicación más trabajada, en cambio este otro es más sencillo, ¿ ve ?   _ Bueno, bueno. El que usted diga, Lillian. Era una modalidad especial. Ella había carecido de todo, exactamente al revés de lo que me había pasado a mí. 

El 21 de julio llegamos a París. El recibimiento en el aeropuerto de Orly fue sumamente protocolar. Estaban presentes el ministro de Relaciones Exteriores Georges Bidault, y el resto del gabinete detrás de él, formando un triángulo. Todos inclinaron la cabeza, en señal de saludo, y levantaron luego su mirada. La expresión en el rostro del Primer Ministro no voy a olvidarla en mi vida, parecía embelesado y sorprendido a la vez, no podía creer la juventud y la belleza de Eva Perón. Al día siguiente, luego de una cena, el canciller Georges Bidault la condecoró con la Legión de Honor en el Quay d´Orsay. En el castillo Rambouillet almorzamos con el presidente francés Vincent Auriol y su esposa. Comimos pan de maíz porque no había pan blanco, dada la escasez de trigo. En ese almuerzo estuvieron presentes todos los ministros, autoridades, diplomáticos y miembros de la nobleza de Francia.

Hicimos numerosas visitas, a la Catedral de Nôtre Dame, acompañadas por el Nuncio Apostólico Monseñor Angelo Roncalli, que posteriormente sería el Papa Juan XXIII; a la Cámara de Diputados; a la tumba de Napoleón; asistimos a un convenio entre la Argentina y Francia, por la cual Francia recibiría un crédito muy importante para la compra de trigo; también realizamos una visita al Palacio de Versalles, cerrado desde la guerra y abierto para esa ocasión; por supuesto a la Torre Eiffel, y paseamos por el Sena, generalmente acompañadas por la señora del canciller Bidault.

La visita a Nôtre Dame fue el acto más importante de la estadía en París. Todo el templo estaba iluminado y colmado de gente, los coros de la célebre Catedral entonaban el Salve. Al concluir la visita la acompañaron las autoridades y prelados hasta la salida, mientras el órgano de esa gran iglesia medieval hacía resonar el Himno Nacional Argentino. Fue conmovedor. La señora Eva Perón lloraba.

Posteriormente fuimos a Suiza, respondiendo a una invitación. Allí nos recibió el canciller, Max Petitpierre, nuestro embajador Benito Llambí y el cónsul Humberto Alemán. El recibimiento fue sumamente importante. Recorrimos Ginebra, luego en tren nos dirigimos a Berna, Zurich y Saint Moritz. En Berna nos hospedamos en el Hotel Bellevue Palace. Un día, mientras avanzaban en un auto descubierto con el canciller, les arrojaron tomates; yo iba en el coche de atrás, y sólo vi que había un ciclista que las autoridades habían retenido. Me asusté muchísimo, y al llegar a la recepción me encontré en las escalinatas con la Señora muerta de risa y el canciller "lleno de tomates".  Los periodistas le preguntaron: _ Señora de Perón, ¿ tuvo miedo ? _ Cuando se representa a un Estado, no se puede tener miedo _ respondió. Yo que la escuchaba creía estar viendo una película. Es importante que haga esta aclaración: no conocí ningún banco en Suiza, ni me separé de la Señora en ningún momento. 

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Del Dr. Carlos Salvador Mac Donnell, escritor, periodista, autor del libro Simplemente Evita, publicado por Editorial Corregidor:

Soy un convencido que Eva Perón es un personaje clave de nuestra historia reciente. Alguien que ha despertado el interés de hombres y mujeres de todas partes del mundo. Películas, libros, monografías, programas radiales y televisivos, obras musicales, páginas en Internet ... son una muestra por demás de elocuente de esta afirmación. En un milenio donde visualizamos portentosos avances científicos y tecnológicos, sigo creyendo que para el hombre no hay nada más importante e interesante que el mismo hombre. No me deslumbran los progresos materiales, me apasionan los personajes cargados de humanidad. Creo que esta muchacha toldense, quien después de conocer a Perón, se proyectó por su accionar a todo el país y aún fuera de las fronteras de la patria como una de las figuras más descollantes de la época. En un mundo donde existen injusticias, ella abrazó con verdadera pasión la causa de los desheredados, de los desposeídos, y como intuyendo lo breve que sería su vida, desplegó una vertiginosa actividad, para ver plasmada en realidades ese elevado ideal, quemando literalmente su vida en cumplimiento de nobles objetivos que ella se había trazado. Su obra solamente puede comprenderse e interpretarse cabalmente desde la perspectiva que da el corazón. Quien no entiende de amores no entenderá nunca a Evita. Ella pudo decir con franqueza: " Para mí amar es servir ". Eva Perón se afirmó no destruyendo sino construyendo. Evita es un hecho especial de la historia, a la que respondió generosamente con su trabajo. No importa tanto la cantidad de obras que hizo, sino la entrega de lo más precioso que puede brindar un ser humano que es su propia vida. Pienso que Evita fue alguien que puso el Evangelio en la vida cotidiana. En su testamento ella afirma : " Por fin, quiero que todos sepan que si he cometido errores los he cometido por amor, y espero que Dios, que ha visto siempre mi corazón, me juzgue no por mis errores ni mis defectos o mis culpas, que fueron muchas, sino por el amor que consume mi vida ". Eva Perón tuvo la oportunidad de hacer el bien y lo hizo, tuvo la posibilidad de acceder a una vida fácil y placentera y eligió la militancia combatiente. Sólo un alma grande puede vivir de tal manera. Para su pueblo fue y seguirá siendo simplemente Evita.

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Del P. Mamerto Menapace, monje benedictino, abad del Monasterio Santa María de Los Toldos, escritor:

Cuando el hielo se derrite quedan las montañas. Olvidados los detalles menores, su sectarismo, sus errores humanos, que los tuvo por cierto, y aquietadas las pasiones, emerge la figura inconfundible de una gran mujer, Eva Perón.

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De Araceli Bellotta, periodista, escritora, historiadora, guionista, autora del libro Las mujeres de Perón, editado por Editorial Planeta:

Eva Perón me impresiona por su titánico esfuerzo por ser lo que fue. Evita tenía formación primaria, su mensajes radiales eran melosos, se tragaba las eses y decía dotor ... pero dió vuelta un país y hasta último momento, pesando menos de cuarenta kilos, no perdió el fuego, los médicos no podían entender de dónde sacaba tanta fortaleza. Su muerte fue un golpe duro para Perón. En poco tiempo fallecieron Evita, el vicepresidente Hortensio Quijano, Juana Sosa, y Juan Duarte. Demasiados golpes ... El posterior conflicto entre Juan Domingo Perón y la Iglesia es algo que no tiene explicación alguna, no sólo porque el pueblo argentino es creyente, sino porque el peronismo aplicó, en la práctica, la doctrina social de la Iglesia.

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De la marquesa pontificia Sra. Adelia María Harilaos de Olmos, dama de la sociedad argentina, en un diálogo con Eva Perón:

Quiero pedirle a la Sra. de Perón que no se deje acobardar por la jauría. Siga con su obra de bien en beneficio del pueblo, el pueblo la necesita.

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De la Sra. Mirtha Legrand, actriz de cine y teatro, estrella de la televisión argentina:

La figura de la Sra. Eva Perón ha sido y seguirá siendo evocada en los programas de mis almuerzos televisivos.

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De Lolita Torres, actriz de cine y cantante:

Mucho se ha dicho y escrito. Realmente ella ha sido una destacadísima personalidad de la historia.

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Del diario londinense New Chronique, periódico de Inglaterra:

Eva Perón ha sido la mujer más sorprendente jamás surgida en el continente americano.

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De doña Nelly Coifin, vecina de Los Toldos:

Soy biznieta del capitanejo de la tribu del cacique Coliqueo, don Mariano Coifin, y para mí es un orgullo que Evita naciera en Los Toldos, y más precisamente en la zona llamada de la tribu de Coliqueo, donde también nací yo.

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De Susana Giménez Aubert, vedette, modelo, actriz, empresaria, animadora y conductora de televisión:

A Evita la admiro muchísimo, fue una divina, única, una persona maravillosa, ella lo supo ser.

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De Raúl Salinas, empleado de la Fundación Eva Perón:

Evita siempre se preocupó por tener y mostrar una conducta intachable. En cierta oportunidad un recepcionista de la Secretaría quiso usar sus influencias para que una obrera consiguiera una audiencia con Eva Perón. Ese funcionario a cambio de ese favor le pidió a la operaria otro: que se acostara con él. La cosa no se supo hasta después de varios meses, el día en que Evita se prestaba a iniciar una gira. Recuerdo perfectamente que Evita postergó su viaje para reprochar al hombre y expulsarlo de la Secretaría. Caído el gobierno constitucional de Perón, en setiembre de 1955, la llamada Libertadora, el gobierno de facto, se lanzó a perseguir personas y por supuesto una de sus presas favoritas fue la Fundación. Para gran sorpresa de muchos, ninguna irregularidad pudo comprobarse.

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De don Antonio Vidal, peluquero de Los Toldos:

Conocí a Evita en 1925. Como peluquero del barrio le corté el cabello hasta los 10 años. Era la época en que se usaba el corte a la garzón. Yo trabajaba en ese entonces en el negocio de don Domingo Prieto, en la esquina de las calles Francia y Belgrano. Evita jugaba en la vereda con las demás niñas. Ella era muy inquieta, caudilla y bonita.

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De Golda Meir, primera ministro de Israel:

En abril de 1951, siendo la ministro de Trabajo y Seguro Nacional, tuve la oportunidad de visitar la República Argentina y de entrevistarme con la esposa del presidente argentino. Pude, en interesante diálogo, conocer a la Sra. Eva Perón, una mujer muy dedicada al bienestar de su pueblo y preocupada por los problemas mundiales, una persona de firme carácter y dotada de una gran humanidad.

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De Emma Vinuesa de Gómez, vecina de Los Toldos:

Fuí su compañera de escuela. Pasaba todos los días a buscarme para ir a clase. También venía a jugar a casa. Recuerdo que nuestro juego preferido era darnos carterazos cuando volvíamos de la escuela. Ella siempre decía: " Vamos a darnos el último ". Y al día siguiente seguíamos jugando ...

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De Hilario Angel Farías, reportero gráfico:

Fui el fotógrafo oficial en el despacho del general Perón. He sido adscripto a la Presidencia en noviembre de 1948, en pleno gobierno peronista. Posteriormente pude capturar con mi cámara las escenas del bombardeo de Plaza de Mayo, el 16 de junio de 1955. Cuando entré a Presidencia, el jefe de fotografía, Emilio Abras, me dijo: Farías, a partir de mañana, usted va al despacho de la señora. Allí fui, y me encontré con Francisco Caruso, el fotógrafo personal de Evita. Cuando conocí a Evita quedé deslumbrado por su belleza. Era terriblemente fotogénica. Su piel, su cabello, todo era tan armonioso. Un fotógrafo nota inmediatamente todas esas cosas. La primera foto que le saqué fue con un grupo de mujeres y chicos. Había un lugar grande donde se atendía a todo el mundo. La gente lo primero que notaba era la presencia de fotógrafos. Entonces decían: Señora, ¿ nos podemos sacar una foto con usted ?. Eva Perón, inmediatamente nos decía: " Fotógrafos, a ver, una foto ". Y entonces ibamos Caruso, yo o Alfredo Mazzorotolo, " el inglés ", porque era rubio, alto y flaco. Usábamos cámaras Spike Graphic con lámparas de flash. Cada foto era una lámpara. Alguna vez usábamos el magnesio, pero en el despacho de Evita no, porque dejaba mucho humo y para ella, que permanecía todo el día allí, era muy molesto.

Yo saqué la famosísima foto de Perón y la actriz italiana Gina Lollobrigida, que sería posteriormente trucada, mostrando a la artista italiana desnuda. Esa foto la tomé yo, con la Gina totalmente vestida. La saqué en la quinta de Olivos. Ella estaba vestida de blanco con un cinturón negro y una cartera negra. Después, cuando vinieron los de la Libertadora, un militar me llamó a mí a ver si podía trucar esa foto, si la podía desnudar a la Gina. Yo me negué y me echaron de Casa de Gobierno, y después me metieron preso. El trucaje lo hizo un fotógrafo del Correo Central. En la foto trucada, Gina aparecía con el cinturón y la cartera negra, que no pudieron eliminar de la imagen. Dijeron que como la actriz llevaba ropa de nylon y la foto fue sacada con placa infrarrojo, se veía directamente la piel. No podía ser con placa infrarrojo, porque en aquella época la película infrarrojo necesitaba un tiempo de exposición de por lo menos 5 o 6 segundos. En la imagen, Perón y Gina venían caminando en una marcha que sería de una décima de segundo a cada paso. Esto significa que cuando pasaban esos 5 o 6 segundos, ellos ya habían pasado por el lugar. Era mentira que la habían sacado con infrarrojo, porque con infrarrojo en la imagen lo blanco hubiera salido negro, para cualquier fotógrafo era ridícula la afirmación. Ellos difundieron la foto trucada diciendo que se había sacado así por expreso pedido de Perón. Una maldad. Las veladas del 25 de Mayo o del 9 de Julio eran de gala, nosotros íbamos de smoking, no como ahora que los fotógrafos van de jean o campera. Yo siempre buscaba la expresión de Evita. Ella estaba natural siempre, no posaba. Cuando aparecía junto al general Perón, ella le pasaba un poquito el hombro, porque usaba tacos muy altos. Las fotos las llevábamos a la Secretaría de Prensa. Luego se revelaban y se entregaban para todos los medios, quedando archivadas en la Secretaría. Cuando vino la Revolución Libertadora, yo quise rescatar algo del material, pero la mayoría se perdió, porque las fotos las destruyeron y quemaron.

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Del comisario gral. (R) Eduardo Paterno, funcionario de General Viamonte:

Hablar de Eva Perón provoca una sensación importante en nuestro interior. Su presencia multifacética fue la que le dio un tono especial a un período de nuestro país, abriendo el camino para que las mujeres comenzaran a tener gravitación en la vida política. La actividad en que me desempeñaba me permitió conocer personalmente al matrimonio Perón. Corría el año 1948, y en ocasión de celebrarse una Asamblea, en la ciudad de San Nicolás, debí concurrir en mi condición de integrante de las fuerzas de seguridad. La impresión que recibí de Evita aún perdura, ella impactaba. Su figura, la delicadeza de sus gestos, su piel inmaculada. Parecía atraer a la gente a la que brindaba un trato afectuoso, principalmente a los niños. Evidentemente Evita fue una mujer de avanzada, con un temple de carácter y una voluntad poco comunes en una mujer de su época. Hoy la audacia y el fervor puestos en la acción política pueden parecer naturales y hasta plausibles, pero no lo eran en la sociedad argentina de décadas pasadas, que conocía de prejuicios. Sin embargo a Evita nunca le faltó la decisión de avanzar, alentada por la sonrisa de algunos y sin aflojar ante la desconfianza y los ataques de otros. Entiendo que ella expresó las aspiraciones sociales de su pueblo y contó con el apoyo de Perón para convertir en realidades muchas de ellas. Una visión parcial de lo que significó Evita para el país resulta inoportuna, su figura cobra mayores dimensiones a medida que el tiempo transcurre y los resquemores partidistas acallan. Indudablemente Eva Duarte de Perón ostenta los suficientes títulos para ocupar un lugar de privilegio en la historia.

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De Lidia Elsa Satragno, " Pinky ", modelo, periodista, locutora, productora:

Evita es una de las pocas heroínas de la historia de origen humilde y que hoy como ayer sigue siendo presente.

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De Omar Estela, artista plástico:

Mircea Eliade es un filósofo que estudió distintas religiones y lo irracional en el hombre. El dice que en las sociedades modernas sigue existiendo un pensamiento no racional. Todo lo que el judeo - cristianismo no pudo explicar, lo consideró mito. Entonces, se da por falso todo lo que no se pudo explicar a través del Viejo o Nuevo Testamento. Hay un mito muerto, que no nos interesa, que es lo falso. Pero hay algo que es digno de estudio, que es el mito vivo. Dentro de los mitos vivos está el mito como modelo ejemplar. Esto es, moviliza al hombre a trasgedir sus propios límites: Si tal persona pudo hacerlo, yo puedo. Si lo pudo hacer, yo lo puedo hacer. Si tuvo éxito con eso, yo puedo tener éxito con tal ideología. Eva Perón es un mito de conducta: no descansar en los laureles, aunque el gobierno sea tuyo, profundizarlo, ser antiburocrático, si el aparato estatal no funciona, crear otros, trabajar igual. Creo que Eva Perón respondía a una necesidad de hacer, ella no se preocupaba, por ejemplo, por aparentar bondad, lo que más le preocupaba era hacer. No tenía como la mayoría de la gente, una sola faceta. Por eso hay quien la toma como una revolucionaria, para unos es ejemplo de amor, y para otros fue solamente la mujer de Perón. Evita, para mí, significa un montón de cosas, sobre todo significa protagonismo.

Eva Perón respondía a una necesidad de hacer. Es ejemplo de creatividad, porque ella desarrolló toda su actividad fuera del aparato estatal. Algo curioso, siendo la mujer del presidente. La Fundación creada por ella no estaba dentro de la estructura del gobierno. Por otra parte, el protagonismo de la mujer en esa época era inaceptable, y, además, una mujer de no buen origen, era hija ilegítima de Duarte, y actriz. Los militares criticaban a Perón porque salía con una actriz, y Perón les contestó entonces: " Qué quieren, ¿ que salga con un actor ? ". Creo que el primer acto revolucionario de Perón fue haberse casado con Evita. Pienso que en la memoria colectiva del pueblo hay una imagen de Eva Perón, pero que está dispersa en fragmentos. Mi idea es juntar los fragmentos en un espacio físico para tratar de ver la realidad de Eva, reflejada a través de esos fragmentos de la memoria colectiva, de los recuerdos de la gente. Esta idea, de rescatarla a Eva Perón, es una idea donde las finanzas no deben salir del gobierno, sino del aporte de la gente. Empecé juntando bustos. Cada busto que me llegaba tenía una historia, había estado enterrado durante años en un jardín, o había sido tirado al río ...

Me han traído revistas del año 1955 que dicen, por ejemplo: " Eva Perón, la leprosa ". ¿ Por qué la leprosa ? Porque todas las esculturas que había de ella se envolvían en una tela negra y se las bajaba envueltas para que no hubiera reacción popular, se las subía a un camión, se las llevaban y las destruían. Picasso dijo que hay gente que vive buscando y hay gente que vive encontrando. El que busca tiene un concepto de lo que quiere y sale a buscar que la realidad se adapte a ese concepto. Es lo que ha hecho la izquierda y los liberales. Mientras que, el que encuentra es un individuo que sale por la realidad, con necesidades, y encuentra lo que le sirve. Eso fue lo que hizo Eva Perón.

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De Tita Merello, guionista, actriz, cantante de tangos:

Ama a tu prójimo, enseñó Jesús. Quieran mucho, quieran mucho ... , eso es lo que hizo Evita: querer mucho.

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De Irma Roy, actriz y política:

Cierta vez me hallaba con jóvenes mujeres en el despacho de Evita. Ella nos preguntaba qué necesitábamos, si trabajo, si una máquina de coser, etcétera. Cuando llegó a mí le respondí que no necesitaba nada. Entonces Evita, con curiosidad, me preguntó qué hacía. Artista, le respondí. Evita exclamó : " ¡ Tenía que ser ! ".

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De Francisco Ernesto Molina, chofer personal de Evita:

Yo fuí el chofer personal de Eva Perón, y después quedé con el general cuando ella falleció, por un pedido especial suyo antes de morir. Primero trabajé con el general Edelmiro Farrell. Después de Farrell, yo y mi amigo Esteban Defilipi, que trabajaba conmigo, íbamos adonde nos mandaban, eramos como los boys scouts. Perón tenía un Kaiser Carabela que se lo habían regalado, celeste y blanco, también un Packard, un Chevrolet y un Cadillac. Tras servir muchos años con Evita y Perón, al producirse la llamada Revolución Libertadora de 1955, tuve innumerables problemas. Cinco comisiones investigadoras no me dejaron en paz. Me investigaron especialmente por mi trabajo en el Palacio Unzué, la residencia presidencial, que destruyeron toda, en la calle Agüero, donde hoy está la Biblioteca Nacional. Ellos, los de Libertadora, tenían referencia de que yo no utilizaba uniforme. Este dato les dio la idea a los investigadores de que yo era una persona de confianza del general Perón. En un sentido era así. Cuando había algo reservado que hacer, me llamaba a mí. Loa autos oficiales tenían calefacción, pero con Evita se la utilizaba muy poco porque a ella no le gustaba. El trato de la señora era algo extraordinario. Era una persona de carácter, pero era cariñosa. A los miembros de la custodia los llamaba " muchachos ". Nosotros, los choferes, Defilipi y yo, éramos " hijos ". Con la señora estuvimos hasta el último momento. El día de trabajo de Evita comenzaba muy temprano, nosotros tomábamos servicio a las 8 de la mañana. A las 7, ya estábamos revisando el coche y a las 8 debíamos presentarnos en el palacio Unzué.

A esa hora, mientras su peluquero, Julio Alcaraz, la peinaba, ya atendía a la gente que llegaba con sus pedidos. Los recibía en una habitación de la planta baja. Los dormitorios estaban en el primer piso, yo conocía el dormitorio de Perón, porque cuando el general tenía que darme una orden me llamaba a la habitación y me decía: " Pase, hijo ", y me recibía en calzoncillos, y me daba las órdenes. El suyo era un trato familiar, fraterno. Recuerdo que, en cierta ocasión, habíamos salido, la señora Evita y yo, muy temprano de la residencia. ¿ Adónde vamos ?, le pregunté a la señora. " A la bôite ", me respondió muy seria. ¿ A la bôite ?, dije perplejo. " Sí, sí, a la bôite, al Ministerio de Trabajo y Previsión, porque allí los hago bailar a todos ". La señora era recta, había que conocerla. A veces se quejaba de la velocidad elevada con que yo manejaba, en otras momentos, cuando yo la llevaba despacio me decía: " Hijo, no ando paseando, tengo que trabajar ". Jamás nos llamaba por el nombre, siempre era: " Hijo, vamos a tal lado ". Claro que general también nos llamaba así y nos trataba con la mayor cordialidad. De todas formas, por la señora sentíamos un afecto especial. Teníamos por ella un gran fanatismo porque veíamos cómo se sacrificaba. Cuando falleció la señora, el día en que la estaban velando en Trabajo y Previsión, nos llamó el general: " Molina y Defilipi, vengan a verme ".

En ese momento no estábamos ninguno de los dos y todos se alarmaron porque el general nos llamó por el apellido. " Cuando lleguen, que me vengan a ver de inmediato ", dijo. Yo volvía de llevar a la madre de Evita a la calle Posadas, donde vivía ella. Finalmente me presenté junto con Defilipi ante el general Perón, en el Salón Dorado del Ministerio de Trabajo. El estaba rodeado de senadores, ministros y embajadores. Se puso de pie, se acercó a nosotros, nos puso las manos en la espalda, y nos dijo: " ¿ Qué andan haciendo ustedes ? ". Colaborando, mi general, le contestamos. " Vean, yo los he llamado porque quiero cumplir un pedido que me hizo mi señora cuando estaba por expirar. Ella me dijo: " Mira Juan, no quiero que a mis choferes me los manosee nadie. Así que ustedes a partir de este momento quedan al servicio mío ". El general ya tenía sus propios choferes, Gilabert y Fierro, pero nosotros seguimos a su lado hasta el momento en que marchó al exilio. Evita siempres subía al automóvil acompañada con algún funcionario con el que hablaba de trabajo. No era de arreglarse o mirarse por el espejo del auto. Ya salía de la residencia presidencial totalmente arreglada, muy prolija, siempre. Un día, la señora subió al vehículo muy nerviosa, conversando con un funcionario de Cancillería. " Esto no se hace así ", decía enojada, " Esto debe hacerse en esta forma ". Entonces, como observé que había un clima difícil, levanté el vidrio de la visión para que le pudiera decir todo lo que quisiera y yo no tuviera que oírlo. Pero ella enseguida, de su lado, lo volvió a bajar.

Cada vez que tenía que llamar la atención a alguno bajaba el vidrio y los hacía pasar vergüenza delante nuestro. Tenía eso la señora. También recuerdo que en un crudo invierno, allá por el mes de julio, había trasladado a Evita al Ministerio de Trabajo y Previsión. En aquel entonces, en Plaza de Mayo y Reconquista estaban todas las paradas de los colectivos, cuando pasamos por el lugar con Evita, ella empezó a decir: " Ay, pobrecita toda esa gente, con el frío que hace. Cuando me dejan a mí, vengan a buscar a estas personas y las llevan a su casa. Y que esto mismo hagan todos los funcionarios que vayan llegando, como orden del día ". Así que una vez que dejamos a Evita, fuimos a invitar a los que hacían cola en la parada de colectivos a subir al automóvil oficial. Una mujer no quería subir. Le expliqué que era el coche de la señora Eva Perón y que un rato antes, al pasar, ella misma la había saludado. A todos les dijimos que teníamos la orden de llevarlos a su casa porque era un día de mucho frío. Finalmente subió y la llevamos a su casa. Esta persona, al bajarse, besaba el coche por todos lados. Evita se terminaba acostando a las 3 de la mañana, pero porque se quedaba trabajando en su oficina. A las 12 de la noche o a la 1 de la mañana, ella todavía estaba en su despacho en el Ministerio, la llamaba Perón: " Veníte enseguida ", le pedía. " Sí, Juan, dentro de cinco minutos voy ", le decía ella. Eran las tres y media de la mañana y seguía atendiendo gente. Ella no salía a almorzar. Dormía poco. Quería darlo todo. Cuando llegábamos a la residencia presidencial, a las cuatro y media de la mañana, no ingresábamos por la entrada oficial. Lo hacíamos, por atrás, donde actualmente está la Biblioteca Nacional. Evita se sacaba los zapatos y se iba corriendo escaleras arriba para que no la escuchara el general, que ya estaba dormido a esa hora. El día jueves, Evita no salía. Era la jornada que le dedicaba por completo al general. A la residencia de Olivos no le gustaba ir en lo más mínimo.

En el Palacio Unzué, Perón y su círculo más próximo veían películas en la planta baja. Un encargado llegaba dos veces por semana con los films. Nos llamaba Perón y, a Defilipi y a mí, nos decía: " Hijos, vamos al cine ". Yo me sentaba muchas veces al lado del general, y después comentábamos las películas. Al general le gustaban las películas americanas, las de guerra, y también las documentales. Evita rara vez tenía tiempo para estas funciones. Ella sólo disfrutaba cuando la llevábamos a la quinta de San Vicente. Me tocó llevar a la señora a internarse cuando estaba gravemente enferma. Ese día se sentía muy mal. La esperaba el Dr. Ricardo Finochietto. Era como las 9 de la noche. Evita me dijo: " Vamos, hijo, al Policlínico Presidente Perón ". Llegamos al portón y ya nos estaban esperando. Mientras aguardábamos que abrieran las puertas, a Evita le salió de adentro una expresión: " Pensar que hice esto para mis descamisados, y ahora tengo que venir yo ". Llorando, lo dijo, y nos hizo llorar a todos.

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De Hillary Rodham Clinton, esposa de Bill Clinton, presidente de los Estados Unidos de América:

Me interesa todo lo relacionado con Evita. Soy su gran admiradora.

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Del P. José Rosell, cura párroco de la Parroquia Nuestra Señora del Pilar, Los Toldos:

En el Libro de Bautismos de la Capellanía Vicaría de Ntra. Sra. del Pilar, número 14, folio 495, figura el bautismo de la niña Eva María, hija natural de don Juan Duarte y de doña Juana Ibarguren, nacida el 7 de mayo de 1919, y bautizada el 21 de noviembre de 1919. Son sus padrinos don Antonio Ochotorena y doña Paz Michotorena. El documento lleva la firma del capellán vicario, presbítero Carmelo Micone. Este acta de bautismo es el único documento de infancia fidedigno de Evita.

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De Mabel Pagano, escritora, autora del libro Eterna, de Ediciones Nuevo Sol:

Mi miedo al investigar era que yo, que admiraba a Evita, me encontrara con cosas decepcionantes. Gracias a Dios ocurrió todo lo contrario. Eva Perón fue una mujer profundamente preocupada por las injusticias.

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De Rogelio García Lupo, escritor y periodista:

Eva Perón envió, en el año 1949, ayuda a los niños negros y pobres de los Estados Unidos de América. El reverendo Ralph Faywatters, presidente de la Children´s Aid Society, una entidad de actividades caritativas, había gestionado el pedido de ayuda a la Fundación Eva Perón. En los años siguientes la Fundación enviaría donaciones similares a más de ochenta países, a naciones europeas devastadas por la guerra y a países africanos y latinoamericanos.

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De Elva Narcía, corresponsal de la BBC de Londres:

En su corta vida pasó de la extrema pobreza al poder y la gloria. Una mujer hecha leyenda a los 33 años: Eva Perón.

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De Alberto Ciria, historiador y escritor:

La actitud pública de Evita hacia Perón puede ser descripta como una veneración religiosa, libre de cualquier doctrina o consideración constitucional. Evita jugó un rol clave en la creación del culto a Perón, y ella misma se convirtió en el objeto de un culto póstumo con alguna desarrollada fascinación, no sólo en Argentina, sino también en el resto del mundo.

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De don Antonio Mariñelarena, vecino de Los Toldos:

Mi madrina fue doña Paz Michotorena. Siendo niño visité con mi madrina a una niñita nacida en el campo La Unión. La pequeña era Evita. Mi madrina también era madrina de ella. La nena vivía en un ranchito bajo con tres habitaciones rodeado de árboles y una higuera. La mamá, doña Juana, era una persona muy trabajadora y buena.

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Del Dr. Jorge Albertelli, médico:

Junto con los doctores Pack, Mónaco, Goyenechea, Canónico y Finochietto, estuve en el quirófano cuando fue operada Evita. Evita enferma era una Evita distinta, el cáncer causó graves deterioros físicos. En los 100 días en que conviví con Perón y Evita pude apreciar que se tenían un gran respeto y amor. Perón la veía todos los días. Se amaban y Evita lo admiraba. El la trataba de un modo paternalista, tenía 25 años más que ella. Existía entre ellos una simbiosis, armonía y homogeneidad, dentro de caracteres diametralmente opuestos. Perón era un razonador cartesiano, Eva hacía las cosas con pasión.

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De Ada Maza, de la rama femenina del Partido Justicialista:

Evita fue una mujer de entereza moral y física. Ella sigue viviendo en nuestros corazones.

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De Alfredo Herrero, director del Museo Quinta 17 de Octubre, de la localidad bonaerense de San Vicente:

En este museo se encuentran objetos personales de Evita y Perón, fotos, condecoraciones, muebles y vestimenta, también la bandera argentina que acompañaba a Evita en el edificio de la C G T y que manos anónimas salvaron del atropello de 1955. La flora y la fauna aquí reunidas, junto con hermosísimos lagos, hacen de este sitio un verdadero tesoro histórico. Aquí Evita cuidaba personalmente los rosales y andaba a caballo, ella era una excelente amazona.

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De doña Nélida Fayolle, vecina de Los Toldos:

Evita fue mi compañera de juegos. Jugábamos a la rayuela y a subirnos a los árboles. Evita tenía un particular cariño por una imagen del Niño Dios que estaba en un altarcito con flores en la casa de doña Asunción, vecina que vivía a media cuadra de la Iglesia del Pilar.

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Del suboficial mayor (R) Andrés López, custodio de Perón:

El general Perón era muy cuidadoso en el trato matrimonial. Cuando ellos venían a la cochera de la residencia, estando Evita ya muy enferma, Perón la sacaba a pasear a ella y uno podía percibir la cara de cariño y el profundo amor con el que la trataba a Evita, con qué cuidado y con qué atención la esperaba que llegara al coche. Recuerdo que una noche, unos días antes de fallecer ella, yo me iba para la guardia de la custodia, ubicada al lado del chalet presidencial, y veo que por el pasillo, cerca de donde estaba la famosa jaula donde Perón tuvo varios pájaros vistosos, venía un hombre caminando cabizbajo, como pateando el piso al andar, a veces arrastrando su paso. Me pregunté quién sería. Cuando me acerqué a averiguarlo, veo con sorpresa que era el general Perón, que a esa hora nunca andaba fuera de la casa. Me presenté y le dije: Permiso, mi general, destacamento sin novedad, y le pregunté por Evita. ¿ Cómo está la señora ?, le dije. " Muy mal, muy mal ", me contestó. Y lo ví con una cara ... preocupado, tristísimo.

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De Joseph Page, docente de la Georgetown University, de Washington DC., USA, escritor, autor del libro Con mis propias palabras:

Eva Perón, de Editorial Grijalbo: 1950 fue el año en que los problemas de salud de Evita salieron a la superficie para poner en peligro su futuro. En enero se quejó de dolores inguinales, y su médico le diagnosticó apendicitis aguda. Estudios y pruebas de laboratorio detectaron la presencia de un cáncer de útero. Se le aconsejó practicarse una histerectomía, pero ella se negó y sostuvo que el diagnóstico servía a los intereses de sus enemigos, quienes deseaban verla desaparecer del escenario político. Años más tarde, el médico de Evita, Dr. Oscar Ivanissevich, insistió en que si ella se hubiera sometido a una histerectomía cuando le detectaron el cáncer, bien podría haberse evitado la agonía que sufrió. Juana Ibarguren, madre de Eva, había padecido un cáncer similar, pero tras la histerectomía vivió hasta una edad avanzada. ¿ Por qué se negó Eva Perón a realizarse esa operación quirúrgica ? Es posible que no alcanzara a comprender qué le sucedía. Quizás no podía permitir que le arrebataran el útero. Puede que las presiones psicológicas y culturales impidieran a la " madre espiritual de los argentinos " hacer frente al simbolismo que encierra una histerectomía, y puede que en lugar de afrontar razonablemente la crisis tuviera la sospecha paranoica de que el diagnóstico era la obra de enemigos que querían obligarla a una larga convalecencia y a destruirle su vínculo físico con la maternidad.

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De Elías Bechara Rouco, empleado de Juan Duarte:

Fui cochero de don Juan Duarte. Cuando llovía iba a buscarla a Evita a la escuela. Recuerdo que era una niña muy buena. Le gustaba cantar y decía que quería ser artista.

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De Armando Blasi, político:

Mi padre, Héctor Blasi, conoció a Evita, eran compañeros de escuela en Junín. Siempre la admiró mucho. Ese sentimiento lo transmitió a su familia, y en mi caso se acrecentó con el tiempo al valorar la explosión que fue su aparición en la vida política argentina, y comprobar que no sólo es historia argentina, sino americana y mundial.

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De Florencio Monzón, licenciado en Ciencias Políticas y Filosofía, periodista:

Yo tenía 12 o 13 años cuando Evita y Perón fueron a un club de San Fernando a participar de una ceremonia. Fue algo inolvidable, él me pareció imponente. Perón tendía la mano a todos, y Evita daba un beso. No había escenario, era algo totalmente natural. Yo era muy crítico ya a esa edad, pero ahí no había nada que analizar, se imponían por presencia. Quedé muy enganchado con ellos. Mi madre, desde ese momento, empezó a colaborar con Evita. Mamá era ama de casa y al dedicarse a la política fundó por la zona de San Fernando cerca de 40 Unidades Básicas que eran, generalmente, con pisos de tierra y estaban ubicadas en zonas marginales. Su cargo era el de senadora provincial de la quinta sección electoral. Se enteró de su designación por telegrama, no como ahora que hay elecciones, líneas, candidatos. " Delegada censista " era su función. Llamaban así a las personas encargadas de organizar el partido desde la base; este nombre se lo dio Evita. Iban casa por casa y tocaban timbre. Por primera vez se hizo eso en el país con el objeto de afiliar y conocer realidades. Es fácil imaginarse los mil oídos que tenía Evita a través de este sistema: acumulación de información inmediata, concreta y confiable, tomar contacto con las necesidades y tener conocimiento de los problemas de la gente. Así funcionaba el Partido Peronista Femenino, que tenía su propia carta orgánica. ¿ Por qué seguían las mujeres a Evita ? Porque sí. No a cambio de ningún favor político. Se convertían en soldados de su causa. Pero no solamente las mujeres; también en los hombres producía ese efecto. Yo conocí a muchos militares que eran incondicionales partidarios de ella.

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De Julio Alcaraz, coiffeur:

Fui su peinador, la peiné hasta estando muerta. Al principio no podía teñirle el cabello, que era naturalmente negro, entonces tuve que usar tinturas con amoníaco, porque no tomaba el color.

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De Sylvia Saítta, intelectual, investigadora del CONICET, licenciada en Letras, docente, escritora, premio Konex 2004, columnista de LA NACION, prestigioso diario de Argentina:

Eva Perón empezó a ser conocida como actriz de radioteatros en los que personificaba a las heroínas famosas de la historia universal. Con el tiempo, poetas y dramaturgos argentinos y extranjeros la convertirían en una criatura trágica de epopeya. Narrar la muerte de Eva Perón y los efectos de esa muerte fue tarea de muchos escritores y poetas; narrar la vida de Eva Perón y las encrucijadas de esa vida fue, en cambio, tarea de historiadores, ensayistas y biógrafos. La literatura representó fundamentalmente los usos del cuerpo de Eva Perón, hilvanando una historia de las apropiaciones reales o simbólicas de ese cuerpo y de las resignificaciones ideológicas y políticas de un cadáver destinado a no morir.

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De don Lorenzo Olarte, encargado del Museo Testimonial Eva Perón, ubicado en la CGT, Azopardo 802, Buenos Aires, Argentina:

Es una gran emoción decir que en mi juventud conocí a Evita, y que he presenciado sus discursos. Recuerdo el atronador e inacabable saludo de la gente cuando Evita aparecía ante el inmenso, expresivo, y fervoroso público reunido en los actos, y el silencio que, luego, lentamente, se producía al ir ella bajando muy despacito sus brazos. Invito a los compañeros trabajadores, a nuestros hermanos de España, de Japón, de América toda y del resto del mundo, a conocer este Museo y esta casa amiga, sus puertas están abiertas a todos.

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De Mónica Deleis, escritora, autora del libro Mujeres de la política argentina, de Editorial Aguilar:

Evita alcanzó una perdurabilidad como imagen emblemática que muy pocas personas han obtenido en tiempos modernos. A la larga, al acallarse los fervores y los enconos, incluso muchas políticas ajenas al peronismo hoy rescatan su carácter de mujer batalladora, dirigente por peso propio en un ámbito hegemonizado por figuras masculinas.

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De Norman Brisky, actor de cine y teatro:

Eva fue uno de los exponentes más altos que tuvo la mujer en su historia. Es la historia de la mujer hermosa, no machoza, no travestosa. Eva es como el mito de la mujer que tiene razón y aprende a tener fuerza, está al lado del hombre que la inspira y le da coraje. La historia de Juan Perón y Eva Perón es la historia de un amor. Basta leer sus cartas, cuando Perón estaba preso en Martín García, para darse cuenta que es un metejón. Ella estaba inspirada por las carencias de su niñez. Es la vieja historia de los parias; el no reconocimiento paterno y una madre valiente que la lleva al velatorio del padre para que se sienta su hija.

Es el hecho de una combinación, folclórica y universal, universal en la medida que la mujer en el mundo iba ganando su forma de placer y de goce; y folclórica en el sentido de que el campo argentino representa riqueza y miseria a la vez. Y de ahí aparece una niña que busca la ciudad, viene con fuerza, entra sin permiso y se queda para siempre. Y, como era de esperar, está en la búsqueda del hombre que le dé seguridad, porque nadie podía llegar si no era así, por lo que significaba ser mujer, del campo, y venirse a Buenos Aires. Después se hace actriz. Yo siento que era muy hermosa, pero no entendía lo que hacía; sin embargo va aprendiendo de esos enormes roles que buscaba, esas reinas y princesas, va percibiendo la grandeza de esos roles, hasta que la historia argentina le da el último y real significado.

A Eva la hace el pueblo argentino. Ella no existe sin un pueblo que la inspire, sin los marginados, los pobres, los humildes. Pero como dice Discepolín, había que caber, encontrar ese cuerpo y entrar para ser su vocero. Y por supuesto que Eva lo fue, y más de lo que se podía esperar; nunca antes en la historia una persona tuvo tanta capacidad de expresar a un pueblo. No dudo en decirlo, ella era un ser extraordinariamente distinto, y es Juan Perón quien visualiza inteligentemente esto y llega a ser su mejor agente publicitario. Haber reconocido eso le da una enorme grandeza a Perón. A veces surge una tendencia romántica a resaltar la figura de Eva Perón, a ponerla en un primer nivel y a desvalorizar simultáneamente la de Juan Perón. Yo no podría jamás, a partir de lo que siento y sé, desvincular a estas dos figuras. Es sectario e infantil separar en: Eva es buena, Perón es malo. Es una cosa extremadamente ridícula. Es que los dos se complementaban y se entendían en la tarea. Perón se encargaba de la parte política y ella de las necesidades del pueblo. Ya en sus tiempos de actriz se le notaba esa vena. Eva fue la creadora del Sindicato de Variedades, porque el otro sindicato, el de actores, era aristocrático, y sigue teniendo raíces aristocratizantes. La historia de los actores comprometidos con lo social es mediocre, se puede decir que la verdadera historia de la solidaridad de los actores y los artistas con las clases que producen transformaciones sociales es muy escasa. En el peronismo esto no se entendió, y no se entendió en la revolución china, hubo cosas interesantes en la revolución rusa, pero después sucedieron grandes desviaciones. Es decir, el tema del campo social con respecto a los artistas está por verse. Hay síntomas de que sí, pero siempre hay muchos más síntomas de que están al servicio del consumo, de que están más ligados a un aviso publicitario que a insertarse en la cultura popular y producir transformaciones desde los trabajadores.

En la mayoría de los casos el compromiso suele ser con el prestigio y el cómo zafo, y no con mirar lo que está pasando en la sociedad. En cambio Eva pasa, de ser actriz a ser ella misma, se vuelve actriz de su propia biografía. Eva ve venir su enfermedad y su muerte, y también ve claro que en este país no iba a ser suficiente tener razón, sino que había que tener fuerza. Hoy, está claro, hemos retrocedido, se perdieron muchas banderas, tenemos razones pero no las sabemos articular, en fuerza, en política, en capacidad de poder y de manejar el poder. Esto indica un retroceso, pero hace más grande a Evita. Si Evita llegase a aparecer estaría apenada, miraría seriamente a la gente, a los trabajadores, y seguramente les diría : " Muchachos, por qué no se organizan más en base a la solidaridad y no al amiguismo y a los intereses personales, y aprendemos a mejorar esta sociedad, a luchar contra el salvaje capitalismo ". Eva tenía una propuesta humanista. Su figura se agiganta, y esto me hace reflexionar y me produce rabieta. Hay una clase cada vez más rica y otra empobrecida, hambreada, por eso la ideología de justicia social que Evita reinvindicaba sigue vigente junto con su imagen. Evita cada día es más importante, en la medida en que los humildes están cada día peor. Si fuésemos otro país, otra realidad, tendría que aparecer otra Evita, u otra mujer, u otro hombre, otros proyectos, otras propuestas. Ya no es posible decir que los privilegiados son los niños o los ancianos o los jubilados, porque, simplemente, ya no lo son. No se generaron nuevos líderes, ni nuevos ni mejores modelos sociales. Evita sigue siendo grande. Si a Evita no se la puede enterrar es porque no ha sido superada su magnífica propuesta.

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De Vicente Cóppola, músico:

En 1948, los obreros gráficos quisieron hacerle una marcha a Perón. Rafael Lauría, obrero gráfico de la Editorial Atlántida, escribió la letra. A ésta se sumaron los compases de una marcha que yo compuse y que se acomodaba bien a la letra. Los gráficos la cantaron durante una reunión gremial en el Teatro Colón. A Evita le gustó, se lo comentó a Perón, y desde ese momento fue incorporada al peronismo.

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De Abel Posse, escritor, autor de la novela La pasión según Eva, de Editorial Emece:

Me fascina en Eva esa insolencia del bien, el decirle no a la tontería, a la dependencia y al miedo. La insolencia de Eva todavía nos ilumina. Evita le dio al peronismo el corazón que éste necesitaba para no ser un movimiento político más, le confirió profundidad, dramatismo, y esa verdad humana que lo sostiene todavía como una fuerza viva en el panorama de la politiquería y el mercantilismo.

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De Claudia Iparraguirre, docente:

Desde pequeña había sentido atracción por esa figura joven, bella y elegante, que me miraba desde un portarretrato del cuarto de mis abuelos, o por esas frases que ellos me leían de un libro de tapas rojas y que guardaban como un tesoro y que después descubrí que era La razón de mi vida. Sí, desde siempre estuvo Evita en mí. La emoción más grande la tuve cuando, recorriendo algunos países de Europa, cada diálogo con un español, un francés, un italiano y hasta un inglés era el mismo: " ¿ es usted de Argentina ? Ah ... el país de Eva Perón ".

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De José Fernández Valoni, embajador argentino en Ecuador :

En Ecuador la memoria popular dice que Evita estuvo allí hace ya muchos años. En realidad Evita no estuvo, lo que sí estuvo presente fue la ayuda de la Fundación, medicamentos, víveres y juguetes, en ocasión del terremoto que asoló a los hermanos ecuatorianos en agosto de 1949. El 11 de setiembre de ese año, los trabajadores de Ecuador proclamaron a Evita como Ciudadana de América.

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Del Dr. Raúl Floreal Matera, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, brillante neurocirujano:

Tuve la suerte de trabajar en el equipo médico del Dr. Ramón Carrillo, que significaba colaborar con Evita en el tema salud. Por todo lo que hizo Eva Perón en beneficio de los demás, fue querida en su tiempo y sin duda alguna lo será en el futuro.

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De Roberto Di Sandro, decano de los periodistas de la Casa Rosada:

Estoy en Casa de Gobierno desde el gobierno de Perón, a mí me conocen hasta los ladrillos, encima me han distinguido como ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. De acá salgo a las 9 de la noche, a las 10 o a las 11, me quedo buscando información, hablando por teléfono, escribiendo. Estoy escribiendo un libro. Son tantas cosas, tantas anécdotas, es que no se trata de bla bla bla ni de lo que me dijeron. ¡ Son cosas que yo vi ! El primer presidente en pisar la sala de periodistas, en 1948, fue Perón. Sin aviso abrió la puerta y se sentó a charlar con nosotros. Luego trabajé con gobiernos duros y nunca me achiqué, me investigaron de arriba abajo. Esas ideas se acabaron, me dijeron una vez los militares. Y yo les respondí que las ideas no se matan. A pesar de eso no me echaron, y acá estoy con mi máquina Olivetti. Evita ? Una gran Señora.

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De Hebe de Bonafini, presidente de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo:

Yo creo que Eva Perón representó la fuerza, esa mujer contradictoria pero que amaba profundamente a su pueblo. Lo digo a modo personal y no como la presidente de las Madres de Plaza de Mayo, lo que más rescato es que Eva se enfrentó a la oligarquía en un momento muy difícil, cuando no había ninguna mujer capaz de eso; ella lo hizo; con sus contradicciones, pero estuvo siempre muy cerca de su pueblo. Eva fue revolucionaria, en el sentido de que se enfrentó a los poderosos, los enfrentó yendo a las fábricas, enseñándole a la gente cómo tenía que pedir, sacándole cosas a los poderosos para dárselas al pueblo, y en aquel momento nadie era capaz de hacer eso.

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De don José Lagos, vecino de Junín:

Llegué a la Argentina analfabeto. Cuando mis padres se fueron de España me trajeron a este bendito país, no conocía lo que era el juego. A los 13 años ataba los bueyes para arar la tierra. Soy uno de los fundadores del Partido Laborista. También representé a la Unión Tranviaria Automotor, junto a otros centros cívicos de la Capital. Entiendo que el peronismo debe ser interpretado de una forma profunda, como lo hizo Evita. Ahora estoy entristecido por cómo se interpreta al peronismo. Mucha gente ha usado el movimiento en beneficio propio, sino cómo se explica que la mayoría de los dirigentes estén tan enriquecidos. ¡ Si Evita estuviera ahora ...! Una vez Evita nos reunió en el lugar donde vivía con Perón, en la calle Posadas, para preguntarnos a cada uno de los dirigentes qué era lo que necesitábamos. Uno pidió una cosa, otro pidió otra y cuando me tocó el turno a mí le dije: Mire señora Evita, yo soy jefe de inspección y estoy muy conforme, no necesito nada, gracias a Dios, lo que usted me pudiera dar déselo a otro compañero, al que le haga falta. A partir de ahí empecé a tener un contacto frecuente con ella. Me sentía totalmente identificado con Evita porque yo también sentía lo que eran las injusticias, yo también era un rebelde. Como en Eva, se creó en mí esa necesidad de ayudar siempre al desposeído, al de abajo, y darle la importancia que se merece a la juventud. Cuando me propusieron acá en Junín para concejal dije que no, que le correspondía a los jovenes tomar esa parte y no a mí. Estos camaleones de ahora no quieren darle rienda suelta a la juventud porque saben que los jóvenes son luchadores de por sí, tienen miedo que los barran a ellos después, eso es lo que pasa. Eva no tendría que haber muerto nunca. Siempre habló en contra de la oligarquía, y hoy mandan las multinacionales y los capitalistas ... ¡ Madre mía, si viviera Evita !

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De Luis Brunatti, político:

A personas como Evita no se las puede recordar con un homenaje con olor a naftalina. En vida se la insultó con los peores calificativos, luego se la intenta colocar en un lugar donde no moleste, en un Olimpo, en un lugar donde el homenaje no tenga incidencia en la realidad donde vivimos. Con Evita esto no es posible. Su mensaje es claro y contundente. Orillaba un espacio desde la práctica que hasta ese momento, solamente había sido ensayado por quienes adherían a una propuesta política desde una perspectiva intelectual, pero no desde alguien que lo sentía profundamente, que no sólo lo vivía en forma intelectual, sino que lo vivía afectivamente, desde el corazón, esto es lo que Evita sintetiza extraordinariamente. La ventaja de Evita es que siempre dice en forma absolutamente clara lo que piensa y lo que siente y cuando dice: " el peronismo será revolucionario o no será nada ", no sólo expresa un conjunto de ideas sino que expresa sus mismos sentimientos acerca de lo que el peronismo es y lo hace desde alguien que vive en carne propia la injusticia y tal vez, desde su experiencia a través del fanatismo por la causa de los que menos tienen, por la causa del pueblo. Y esto lo hace con respecto a cada uno de sus comentarios y actos de su vida. Yo creo que toda su vida es una revolución, porque cuando empieza, Evita es una mujer sin experiencia política que llega a ver reflejado en la política y a través de una historia de amor de película, un drama, si se quiere, pero que tiene elementos afectivos que desde una óptica intelectual subvaloramos. Su vida es una revolución porque está marcada por una evolución vertiginosa. Es una evolución tremenda por la que transcurre su vida, desde sus comienzos como actriz, donde muy poco tenía que decir, hasta convertirse en sus últimos discursos en una voz que sigue impactando hoy, a pesar del tiempo transcurrido. Evita, hoy es importante por su claridad y por lo que en compromiso significa esa claridad, es decir, por lo que como propuesta ideológica contiene cada uno de sus actos.

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De María Moreno, escritora:

Evita vive. Afirmarlo no significa renegar de su muerte. A Evita no se la desenmascara, vale la pena ir hacia ella a través de sus cosas, de esas con las que se construyó una iconografía laica. La cabellera. Su cabellera es una idea. Oscura, acompaña su historia cuando vive entre las sombras de la bastardía y de la también oscura, vida artística. La tintura rubia remite a la falsificación de una estrella de Hollywood, pero más tarde tendrá un sentido. Julio Alcaraz, el peluquero, pone esa cabellera a tono con las veladas en la Opera y del Vaticano, rizándola sobre la frente o retorciéndola en bananas que no se animan a desnudar la nuca. Se dice que cuando un hombre deja de amar a una mujer, se lleva a otra mujer la luz de su deseo, por eso en nuestra imaginación la Otra es siempre rubia. Evita, iluminada por el amor del pueblo sería rubia más allá de todo artificio. Entregada a su misión busca la identificación de los trabajadores usando el pañuelo paisano que protege durante las tareas. Cuando la misión se hace el ser de Eva cruza ascéticamente su cabellera sobre la nuca. Es el peinado que eligen los que han renunciado a la seducción, lejos de la intimidad que derrama los cabellos sobre los hombros. Ningun semiólogo de entonces debió advertir en esas trenzas fuertemente enlazadas su semejanza con el escudo nacional, con los laureles por su forma, con las manos por su estrechamiento de unidad. Ese peinado del que no se suelta ni un solo cabello, tiene ya la consistencia anticipatoria del bronce. Las joyas, los ropajes. No los usa por privilegio, sino como representación. Si ella llegó abre el camino a cualquiera, porque ella, una cualquiera, es reina ante los reyes.

Evita asegura que cuando muera esas joyas, esos ropajes servirán como garantía al pueblo para la adquisición de bienes. Lo que ella tiene no lo tiene en lugar de ellos, es algo que ella tiene de ellos y para ellos. La muñeca. En un pobre Día de Reyes Juana Ibarguren regala a Evita una muñeca que le ha costado más barata porque le falta una pierna. La muñeca fallida es cubierta por un vestido de fiesta y Evita - cuenta su hermana - la querrá más que a ninguna. Más fastuosa por más falta, Evita ama sin interpretar. Muchos años más tarde Evita se reproducirá en una muñeca semejante. Si la muerte la trabaja por despojamiento, espiritualizándola, el trabajo de taxidermia del Dr. Ara la devuelve pequeña y perfecta. A través de la ciencia Evita le ha birlado su muerte a la naturaleza reproduciéndose en un facsímil acostado como la bella durmiente. Luego de varios raptos, puesta de nuevo ante Perón en su exilio, se palpará su dedo cortado, se comprobará la herrumbre de sus horquillas, y se lamentará ante la cosa que es, un ícono y no un cadáver. No se embalsama para sepultar y sin embargo, como una nueva burla a la oligarquía, en la Recoleta el cuerpo de una ilegítima no envejecerá.

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De David Solar, escritor español, articulista de la revista madrileña Historia 16:

Desde el principio Eva estuvo rodeada de toda la consideración social debida a la primera dama y parece que la disfrutaba con una enorme naturalidad, recibía los regalos y los honores como algo natural que se le debía al peronismo, no a ella, humilde chica de provincia. La obra política de su marido se convirtió para ella en una especie de religión, que la había redimido de la insignificancia para encomendarla una misión en favor de los descamisados. Ella los conocía muy bien, mucho mejor que Perón, tras una infancia plagada de humillaciones y estrecheces y tras una dura pelea por sobrevivir en su juventud.

Por eso pidió y obtuvo de Juan Domingo Perón un despacho en la Secretaría de Trabajo y Previsión, que convertiría en su base de operaciones durante seis intensos años. Algo que su marido le dio como un capricho que pronto olvidaría, terminó convirtiéndose en una de las más firmes bases del peronismo. En aquella oficina Eva comenzó recibiendo a todo el mundo, escuchaba sus quejas, sus penas, sus demandas y trataba de dar satisfacción, justicia, medios o consuelo a cuantos acudían a ella. Como aquello adquirió enormes proporciones, se constituyó la Fundación Eva Perón, una forma primaria y paternalista de Seguridad Social, para lo cual obtenía donaciones, del Estado y de empresarios ... Así se convirtió en una especie de hada madrina de los desheredados. Su segundo campo de acción fue el sindical. Ella tenía la sensibilidad popular, el lenguaje, la garra y la expresividad para lidiar con los sindicalistas que comenzaron desconfiando de ella y terminaron casi deificándola. La tercera actividad, que la convirtió en primera recaudadora de votos para el peronismo, fue su liderazgo femenino. Eva Perón consiguió una ley que equiparaba los derechos civiles femeninos con los masculinos. Estos trabajos la ocupaban todas las horas del día. Se acostaba de madrugada, con frecuencia cuando su marido ya se levantaba. Su viaje a España se inscribe en el interés del general Perón en hacer un ejercicio de independencia respecto a Estados Unidos, que había intentado su ruina política en 1945. Cuando la envió a aquella embajada especial de 1947, Eva estaba todavía en su primera época, aún usaba aparatosos tocados, lujosos vestidos, pieles y joyas ... que en España, a comienzos del verano de 1947, llamaron la atención en una mujer que ya entonces no hacía otra cosa que hablar de sus descamisados y de la justicia social que en Argentina gozaban los obreros.

Eva Perón estuvo en España, en olor de multitudes, un par de semanas. Luego salió rumbo a Roma y realizó una gira por Europa, donde no hubo multitudinarias recepciones y donde tuvo que aguantar algún desplante. Al parecer, ese viaje la cambió profundamente, a partir de entonces comenzó a cultivar una imagen más austera, el pelo recogido hacia atrás, como pasará a la iconografía oficial, nada de aparatosos tocados y escasas joyas. En su fanatismo justicialista, el peronismo se convirtió para ella en una auténtica misión. Las lacras sociales que atendía a diario y a las que era sensible la imbuían de un celo asistencial, el agradecimiento de aquellos desheredados la elevaba por encima de los demás mortales, su dominio de los sindicatos la convertía en una Juana de Arco, dado el machismo de la época y más en Argentina ... Ella sabía cultivar y ensanchar su aureola, manejaba bien las situaciones y conocía los secretos del micrófono ... Todavía en su último discurso, en mayo de 1952, amenazaba a los enemigos del peronismo de esta guisa: " Yo le pido a Dios que no permita a esos insensatos levantar la mano contra Perón, porque ¡ guay de ese día ! ¡ Ese día, mi general, yo saldré con el pueblo trabajador, con las mujeres del pueblo, con los descamisados de la Patria, para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista ! ". Mes y medio después, Argentina lloraba su muerte, su temprana muerte, a los 33 años de edad, en plena juventud y belleza, en el mejor momento del peronismo y en la cúspide su prestigio.

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De Dafne Sabanes Plou, escritora y periodista:

Adorada por sus seguidores y despreciada por la clase alta de su época, Eva Perón puede ser recordada actualmente en el museo que lleva su nombre: Evita. Que la visita a un museo dedicado a un personaje histórico comience con imágenes de su funeral es extraño. Pero también de gran impacto. La proyección en una enorme pantalla dan cuenta de que, a pocas horas de su fallecimiento, Evita ya era un mito. Con un buen trabajo de su curador, el museólogo Gabriel Miremont, en el museo de calle Lafinur 2988, en el distinguido barrio de Palermo de la Ciudad de Buenos Aires, se aprecian recuerdos y objetos de Evita, otorgando un marco mágico e histórico a la trayectoria de quien fuera primera dama entre 1946 y 1952.

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De Ricardo Eulogio Brizuela, periodista y escritor:

Nada fue ajeno a su interés: la política, la economía, las relaciones internacionales, la justicia, la acción social, todo. Por su influencia quedaron establecidas muchas de las conquistas sociales generadas por el peronismo, los derechos de la ancianidad y la participación femenina en la cosa pública, son dos logros que jalonaron las expectativas de Eva Perón en los asuntos del Estado. Su trabajo tuvo mucho que ver con la reparación social del sector de desprotegidos, al que ella misma perteneció.


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Textos cortesía de Carlos Vitola Palermo de Rosario, Santa Fe, República Argentina.


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